Me he sentado a recoger
con calma los trozos
de mi padecer,
a contar mis sollozos.
Medir, pesar,
calcular
el dolor de mi alma,
para tratar de
reparar los daños
causados,
y, sin poderlo evitar
¡ Qué asco he vuelto a sentir!
he tenido que llorar.
¡ Cuanta maldad
fealdad;
cuanta indiferencia
cuanto engaño
inútil y vano
que falta de conciencia;
cuanto olvido
y vacío
tengo
para enmarcar
su recuerdo
triste
frío,
falso
y amargo…!